Nos situamos en el interior de un edificio. Estamos en un interior semipúblico: se trata de un recinto de oficinas, no de un espacio museístico.
La cámara de Höfer se emplaza nuevamente en el centro del espacio, con la elevación del huésped o del ocupante habitual. El largo corredor retratado sorprende al espectador por la limpieza y sencillez de su construcción arquitectónica. Al fondo, un mural con decoración vegetal actúa como límite perceptivo. La luz penetra en la estancia por los ventanales situados en la parte superior izquierda del espacio mientras la blancura de las paredes refuerza la claridad de nuestra mirada. En el lado derecho, las vitrinas situadas entre las puertas albergan recipientes, botes farmacéuticos, que ofrecen claves para descubrir la utilidad del lugar: se trata de un lugar de paso, un corredor ubicado en un escenario empresarial, donde quizá la gente no se detenga demasiado.
Candida Höfer suele quedar englobada en la historiografía reciente como una retratista de espacios vinculados a la sociedad contemporánea. Sin embargo, y como la propia artista ha reconocido, su producción no persigue un único propósito: con astucia y sutileza, la artista deja entrever la vida y el modo de habitación de los espacios, permitiéndonos imaginar todo lo que el lugar representado denota en su inmutable vacío humano.En sus fotografías parece que la arquitectura se haga para ser fotografiada, no para vivir en ella.